CLOSE

Now Commenting On:

"Siempre tuve el sueño de ser pelotero"

"Siempre tuve el sueño de ser pelotero"

CARACAS -- En Ocumare del Tuy, donde se desarrollaron las más sangrientas batallas de la independencia de Venezuela, donde la mayor atracción es el coleo y las peleas de gallos, se sembró la semilla por la pasión y el amor al béisbol en Oswaldo Guillén.

El manager de los Medias Blancas de Chicago nació en esta tierra, que está ubicada a dos horas de la capital del país, Caracas, el 20 de enero de 1964 en medio de una familia humilde, en la que el béisbol estaba arraigado como uno de sus principales valores.

Y es que su padre, Oswaldo, y su abuelo paterno eran dueños de dos de los equipos más populares de la zona, como lo eran el San Luis y el Vargas, que formaban parte de la liga amateur de la región.

More

Esa cercanía con el deporte del que hoy es uno de los máximos orgullos de Venezuela y la más renombrada e importante figura nacida en su pueblo, le permitió a Guillén tener un pasatiempo envidiado por los niños que se criaron junto a él y, a la vez, ganarse la admiración de los peloteros y fanáticos que luego de presenciar los encuentros de béisbol se quedan en el estadio de Corosito, donde hoy en día hay una pintura suya en homenaje, para verlo defender el campocorto con gracia, desenfreno y mucho talento.

"Siempre tuve el sueño de ser pelotero, porque me crié en esos campos de béisbol y siempre estuve involucrado con este deporte", cuenta Guillén, quien para ir al estadio a jugar sólo tenía que saltar el cerco del jardín de su casa.

"Tenía libertad de hacer eso, porque mi mamá era maestra y no estaba todo el día en la casa y mi papá trabajaba con el equipo. Yo tenía como siete u ocho años cuando comencé a jugar. Recuerdo que era la atracción de la gente, porque lo hacía bien y era un chamito a penas. Eso de que me vieran mientras yo jugaba me gustaba mucho", recordó Guillén.

Por ese talento natural y esa irreverencia en el terreno, el hoy manager de los Medias Blancas se fue adueñando de Ocumare del Tuy, en donde vivía en una pequeña casa en la que "todo funcionaba con kerosen, no había televisión y en el baño en vez de un inodoro teníamos una letrina".

En esas condiciones de vida, Guillén se refugió en el béisbol, en el que más allá de su padre encontró a un ejemplo a seguir, una inspiración y una motivación. Todo eso en la persona de Heriberto Morillo.

"Él fue mi primer ídolo de chamo. Heriberto era el único ocumareño que había llegado al profesional antes de mí. Recuerdo que jugaba en el shortstop de los Leones del Caracas -uno de los equipos más importantes del país-. Cuando lo veía cogiendo rollings era algo increíble", dice Guillén, quien hizo todo lo posible por conocerlo.

Y es que el hijo de don Oswaldo y de doña Violeta persuadió a sus padres para que lo llevaran, por primera vez, a un encuentro de béisbol profesional entre los Leones del Caracas y los Tiburones de La Guaira, en la capital del país, para alcanzar su sueño y estrechar la mano de Morillo y hasta pedirle algunos consejos. Ese cometido resultó toda uno odisea.

"Fue bien complicado, porque en ese tiempo ir a Caracas era como ahorita ir a Europa, por lo lejos que era y las pocas vías de accesos que había. Además sólo una persona, el señor Machillanda, era quien hacia transporte de Ocumare a Caracas, y para reservar un puesto había que hacerlo con dos semanas de anticipación.

"Pero todo eso lo hicimos, recuerdo que hasta me pusieron periódicos mojados en el estómago para que no me mareara ni vomitara. Lo más loco de todo fue que no pude conocer a Morillo, porque no le paré mucho al juego, para mí lo más importante fue que conocí a Joselo (famoso comediante venezolano). Esa fue la mejor anécdota en ese juego, que fue el primero de categoría profesional al que fui en mi vida", recuerda Guillén, con una amplia y extendida sonrisa.

Sin embargo, el esperado encuentro de Morillo se dio tiempo después, en una práctica que éste hizo con los niños de Ocumare del Tuy, entre los que estuvo Guillén, quien a medida que fue madurando y creciendo como pelotero fue cambiando de ídolo hasta llegar a quien hoy ocupa ese máximo honor en él: David Concepción.

Cambio de rumbo y arraigo en el béisbol
La permanencia de Oswaldo Guillén en su natal Ocumare del Tuy acabó cuando a los diez años de edad sus padres se divorciaron, y su madre se lo llevó a vivir a Los Teques, a escasos 20 minutos de la capital.

El cambio fue drástico y significativo para "Paio", como le decían las personas más cercanas en su pueblo, ya que llegaba a un lugar en el que no conocía nada ni a nadie, en el que en vez de cinco mil habitantes como en Ocumare habían unos cien mil; sin contar los avances urbanísticos y la aventajada modernidad en los servicios básicos.

"Cuando llegué allá lo único que hacía era jugar béisbol, porque era obligatorio en la escuelita (Cojedes) esa en la que estaba, que era tan pequeña que dividían los turnos: primero, segundo y tercer grado eran en la mañana y cuarto quinto y sexto en la tarde", explica Guillén, quien se mudó a Los Teques, porque fue donde doña Violeta encontró un buen trabajo, directora del instituto educativo Cojedes.

Representando a su escuela, en los juegos intercolegiales de béisbol, Guillén captó el interés de una persona que se convertiría en su guía y quien lo pondría en el camino exacto para convertirse en pelotero profesional y en una persona honesta, sincera y de bien. Se trata de Ernesto Aparicio, tío del primer y único miembro venezolano en el Salón de la Fama de Cooperstown, Luis Aparicio.

"Tuve mucha suerte, porque a él ya le habían hablado de mí, así que cuando me vio en el primer juego ya sabía quién era yo. El viejo Aparicio se sorprendió de que estuviera jugando para una escuela tan mala, pero le gustó mi actitud y el talento que yo tenía, eso hizo que comenzará a ser especial para él, tanto que junto al padre Oswaldo Día me formaron, se encargaron de mi en una edad bien difícil como la adolescencia, en donde es muy fácil descarriarse e irte por malos caminos", cuenta Guillén, quien confiesa nunca haberse sentido tentado por los vicios (alcohol y drogas) que rodeaban su entorno.

"Ernesto me guió como pelotero y como ser humano. Eso fue un apoyo que necesitaba y no tenía. En ese momento estaba en una situación difícil porque no sabía qué hacer, porque nunca me gustó estudiar y eso siempre era un problema en mi casa.

"Pero gracias a Dios, Aparicio todos los días me enseñaba algo. Él fue el que me hizo pelotero, pero más importante que eso es que él fue quien me hizo persona. Ernesto fue un verdadero padre para mí, siempre me veía jugando beisbol, mientras que la primera vez que mi papá lo hizo fue casi cuando estaba en el profesional, pero no es su culpa, porque vivíamos lejos y no siempre me podía ver", agrega.

De la mano se Aparicio, Guillén desarrolló sus habilidades para jugar al béisbol, así como sus condiciones para destacar también en el baloncesto y el voleibol, otras dos especiales en las que representó al estado Miranda en juegos nacionales, llegando a ser reconocido como el mejor atleta de la región.

Ese progreso se notó cuando a los 14 años de edad "Paio" integró el equipo de la selección de Venezuela, que era dirigió por los ex grandeligas Dámaso Blanco y Gonzalo Márquez. Este último le puso el apodo de "mediecito", por lo pequeño, flaco y débil que era.

La aparición de Guillén en esa novena deslumbró a los cazatalentos que se volcaron en él para firmarlo al profesional, lo que sucedió en 1981 (con los Tiburones de La Guaira y los Padres de San Diego), luego de una nueva mudanza residencial de Los Teques a Guarenas, en donde dejó definitivamente los estudios para dedicarse al béisbol y emprender su exitosa y brillante carrera, que lo colocó como el máximo representan en la historia de Ocumare del Tuy, su amado y querido pueblo natal.

"Me hubiera gustado nunca salir de ahí y poder vivir para siempre ahí. Pero las circunstancias no se dieron y el destino me deparó maravillosas cosas fuera de Ocumare. Eso no quita que me sienta orgulloso de ser ocumareño", confiesa Oswaldo Guillén, manager de los Medias Blancas de Chicago y único estratega latino en ganar una Serie Mundial (2005).

Less